Para muchos conductores, encender el vehículo y comenzar a manejar de inmediato es parte de la rutina. Sin embargo, desde la experiencia técnica, este hábito aparentemente inofensivo es uno de los errores más comunes y más perjudiciales para el motor en el uso diario.
Cuando el motor se enciende, especialmente en frío, el aceite aún no ha circulado completamente por todos los componentes internos. Arrancar y acelerar de inmediato obliga al motor a trabajar sin la lubricación adecuada, lo que genera un desgaste prematuro de piezas clave como pistones, anillos y el sistema de válvulas.
Este efecto se intensifica en las mañanas frías o cuando el vehículo ha permanecido varias horas sin uso. En esas condiciones, el aceite es más denso y necesita unos segundos para alcanzar su temperatura y viscosidad óptimas. Darle ese tiempo al motor no implica esperar largos minutos, sino permitir que el sistema funcione de manera progresiva.
Otro aspecto que muchos conductores pasan por alto es el impacto en otros sistemas. La transmisión, especialmente en vehículos automáticos, también requiere un breve periodo de adaptación antes de exigirle rendimiento. Salir de inmediato con aceleraciones bruscas incrementa el desgaste y reduce la vida útil de estos componentes.
La recomendación es simple y efectiva: una vez encendido el motor, espera unos segundos y comienza la marcha de forma suave, sin exigir aceleraciones fuertes durante los primeros minutos. Este pequeño cambio en el hábito diario marca una gran diferencia en el cuidado del vehículo.
Cuidar el motor comienza desde el primer giro de la llave. Evitar este error cotidiano prolonga la vida del auto y mejora su desempeño, te lo recomienda Roberts Dercocenter.