Para muchos conductores, el tráfico es solo una molestia diaria. Sin embargo, desde la experiencia puedo afirmar que la congestión constante es uno de los factores que más desgaste genera en un vehículo, especialmente en el motor. El problema es que este desgaste no siempre es visible ni inmediato, lo que lo convierte en un enemigo silencioso.
Cuando un auto pasa largos periodos detenido o avanzando a muy baja velocidad, el motor trabaja en condiciones poco eficientes. La ventilación natural disminuye, la temperatura se eleva y el sistema de refrigeración debe esforzarse más para mantener niveles seguros. En este contexto, cualquier descuido en el mantenimiento como un refrigerante en mal estado o un ventilador defectuoso puede provocar recalentamientos y fallas mayores.
El tráfico también afecta el consumo de combustible y la lubricación del motor. Las constantes detenciones y arranques impiden que el aceite circule de forma óptima, acelerando el desgaste interno. Además, el motor no alcanza temperaturas de trabajo estables, lo que a largo plazo impacta en su rendimiento y vida útil.
Otro aspecto que muchos conductores pasan por alto es el impacto del tráfico en otros sistemas del vehículo. La transmisión, los frenos y la suspensión sufren un desgaste constante en condiciones de congestión. En ciudades con tráfico intenso, estos componentes requieren revisiones más frecuentes, incluso si el kilometraje no parece elevado.
La mejor forma de contrarrestar este desgaste es el mantenimiento preventivo adaptado al uso real del vehículo. Cambios de aceite oportunos, revisión del sistema de refrigeración y controles periódicos permiten que el motor soporte mejor las exigencias del tráfico urbano.
Si tu auto pasa gran parte del tiempo en congestión, no esperes a que aparezcan las fallas. Cuidar el motor en estas condiciones es una decisión inteligente, te lo recomienda Roberts Dercocenter.